Los malos entendidos

Un día te levantas descansado, después de haber dormido bien. Luce el sol, hace buen día. Te preparas un buen desayuno. Te lo tomas leyendo el periódico en tu Tablet o tu móvil de pantalla superamoledquetecagasenlasbragas V.5, y solo encuentras noticias buenas. Hasta el horóscopo te dice que vas a tener un buen día.

Aprovechas que el karma te sonríe, te atreves a salir de casa a disfrutar y te vas a esa terraza que tanto te gusta a tomarte una caña y unas almendras, viendo pasar a la gente y, ya en el colmo de la dicha, sin niños corriendo y saltando alrededor de las mesas del bar.

Todo es perfecto, ¿verdad?

Y… entonces…. Te relajas y bajas la guardia.

Creyéndote la mejor tertuliana, o tertuliano, de las mañanas de la radio, inicias una conversación intranscendente con esa persona con la que compartes tu vida. Sí, una de esas del estilo de si es mejor una página web acabada en .es o en .com, o algo así y ¡tachán! ahora es cuando como por arte de magia, ocurre la catástrofe.

De pronto, esa conversación se empieza a nublar y ves el vórtice de un tornado que se va acercando. Parecéis dos ovejas balando, y además lo sabes. Pero tú, que te has leído el horóscopo y estás empoderada, o empoderado, no le haces caso y sigues. Sigues y sigues, cual conejito Duracell, inconsciente de lo que se te viene encima. Porque como eres incapaz de tomarte la cerveza sin más, y comerte la penúltima almendra, sigues con la conversación. “Puntoes, dicen los expertos”, “qué no, qué no… puntocom”. Y alcanzas el punto de no retorno en el momento en que se oye un “es que tú…”.

Acabas de morir, chaval (o chavala).

Hagas lo que hagas, sabes que esto ya no va a acabar bien. Sabes que has dicho algo, pero tu memoria de pez, embriagada por la cerveza y atascada por las almendras, no lo recuerda, y eso es una putada, porque no puedes rectificarlo. Ves a tu amado, o amada, como junta las cejas, como se le hincha la vena y empiezas a temer por tu integridad. Usas el último recurso que te queda y pides disculpas “por lo que puedas haber dicho”, lo que todavía empeora más el asunto. ¿Cómo se te ocurre? ¿De verdad esto es lo mejor que puedes hacer?

Se calienta la cerveza, te dejas las dos últimas almendras, y te vuelves a casa.

Querida, querido, acabas de vivir un fantástico malentendido. Uno de esos que le ponen pimienta a la vida. Que digo yo… que ya le podían poner chocolate.

A partir de ahora, tu día ya está pestoso, que dirían los ciclistas. Da igual. No intentes arreglarlo. Reza por que anochezca pronto y vete a la cama cuanto antes. No insistas, que va a ser peor.

Simplemente, quiero decirte una cosa: Eso conmigo, no te habría pasado.

Tal cual te lo digo.

¿Cómo puedo estar tan seguro?

Pues porque, chato, o chata, tú a mí, me das igual. Bueno, a ti precisamente que estas leyendo esto no, me refiero al otro, siempre al otro, no te me mosquees.

Y como me das igual, no voy a gastar ni un solo esfuerzo en discutir contigo. Ni un solo esfuerzo en que me aclares tu postura, ni en intentar saber lo que has querido decir. Me va a dar igual ese “es que tú…” porque no sabes como soy, y no voy a perder ni un segundo de mi tiempo en decírtelo.

Y como me das igual…. No voy a tener malos entendidos contigo.

Si fueras importante para mí, entonces otro gallo cantaría y sí que me esforzaría en que me aclararas lo que has querido decir.

Por eso, siéntete afortunado, porque en el fondo, lo que acaba de pasar, querida, querido, es un acto de amor. Un acto en el que has utilizado toda tu vehemencia para hacerte entender. Además, estás tan seguro del amor que la otra persona te tiene, que te has permitido elevarle un poquito, solo un poquito la voz, y mirarle con esa mirada furiosa, porque sabes que no se va a ir. Siéntete feliz, porque con ese “es que tú…”, te acaba de decir qué es lo que le gusta de ti, y lo que no, porque quiere que continúes ese viaje que empezasteis juntos hace ya tiempo. Siéntete afortunado, porque te está demostrando que no le eres indiferente. Siéntete contento, porque gracias a estos momentos, podrás disfrutar de otros de verdadera felicidad.

¿O acaso hay luz sin sombra?

Pero sobre todo, siéntete feliz, porque tú y tu relación, estáis vivos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s